Filias y parafilias: de aficiones y desviaciones

“En la variedad está el gusto”, afirmación que se vuelve norma cuando hablamos de sexo. Entre la diversidad de parejas, posiciones, juguetes y recursos —que cada quien dispone para alcanzar el clímax—, resulta difícil trazar la línea entre lo que es normal, o socialmente aceptable, y lo que no. Sin embargo, existen dos categorías para diferenciar la predilección de la perversión

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“Sobre gustos y colores”… Ya sabemos cómo va el resto. En algún punto del desarrollo sexual, todos cuestionamos nuestras urgencias o apetencias. Nos causa pundonor la sospecha de que no estén bien vistas y nos asalta una curiosidad por descubrir si le ocurrirá lo mismo a los demás. Después de todo, la pulsión es un instinto casi animal que no podemos ni debemos controlar.

Desde siempre, se han erigido jueces de la moral y las buenas costumbres, con potestad para establecer, de acuerdo con su juicio y buenas intenciones, los comportamientos aceptables, los preocupantes y los repudiables. Lo han hecho en el nombre de la Iglesia, por ejemplo, de la justicia o incluso de la medicina. Lógicamente los criterios han evolucionado con los años, pero tampoco tanto. La homosexualidad, por citar uno, no solo es considerada un tabú en muchas sociedades y un pecado en casi todas las religiones, sino que también constituye un acto ilegal en 78 países, castigado con pena de muerte en siete de ellos: Irán, Arabia Saudí, Yemen, Mauritania, Nigeria y Somalia.

CUANDO ES ATRACCIÓN FATAL

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Amor Antúnez, psicóloga especialista en salud sexual y reproductiva, ahonda un poco más en el asunto y nos explica que las parafilias constituyen un amplio rango de disfunciones sexuales, categorizadas en diversos manuales de la salud mental y que cuentan con un criterio propio para establecer su diagnóstico y diferenciarlas de otro trastornos —aunque coloquialmente se utiliza para referirse o criticar comportamientos, en ocasiones, excepcionales. Por eso, para Antúnez es importante aclarar que la simple curiosidad, la fantasía o la incursión esporádica en estas prácticas, no es suficiente motivo para alarmarse.

Es correcto, pues, hablar de filias que devienen en parafilias. En el primer escenario se trata de algo que aumenta las ganas y en el otro se hace absolutamente imprescindible, muy por encima del acto carnal. “Lo más duro de padecer estas fijaciones es que la persona  probablemente viva una sexualidad cargada de culpas y vergüenza, puesto que, aunque muchas son inofensivas, otras resultan verdaderos dilemas morales y éticos”, comenta la especialista. Actualmente, más de 100 filias cuentan con su debido nombre y descripción. Para poder seguirles el rastro, algunos sexólogos han convenido separarlas en típicas y atípicas. Entrar en un reglón o el otro de nuevo dependerá del cariz escrupuloso que se le quiera dar, pero el consenso apunta a que todo lo que se dé entre personas adultas, sea una, dos, tres y hasta más, siempre que sea de mutuo acuerdo y que no produzca daños graves ni altere el orden público, contará con un visto más o menos bueno.

FIJACIONES CINEMATOGRÁFICAS

La lista de filias y parafilias es de todo menos tímida. Hay de todo y para todos. Casi nada queda por fuera, por tanto adentrarse en el tema resulta agobiante y hasta escabroso. Pero la industria del cine nos lo facilita y nos da un paseo por algunas de ellas. Lolita (1962) de Stanley Kubrick lleva a la pantalla el libro de Vladimir Nabokov inspirado en “la atracción malsana que ejercen las nínfulas”, en otras palabras, el relato por antonomasia sobre la pedofilia. Blue Velvet, (1986) del siempre oscuro y turbador David Lynch, muestra un relato repleto de obsesiones. Introduce una pareja masoquista y a un fetichista obsesionado con inhalar helio, entre otras perlas.